jueves, 27 de mayo de 2010

Trabajos

Esto es lo que pasa cuando 3 amigos, un chileno, un peruano y un argentino se pasan la tarde jugando Winning Eleven y tomando Cristal.

Parte 1




Parte 2



Parte 3

jueves, 15 de abril de 2010

La incertidumbre

El ambiente se había puesto demasiado tenso, no dejaba de mirarme con recelo, quizás quería que me alejara de él, pero la incertidumbre me envolvía como el fúnebre velo de una muerte anunciada.
La lluvia no cesaba y la oscuridad nos envolvía. Estaba impávido, no me atrevía a pestañar siquiera, sus ojos fijos clavados en los míos me entumecían los huesos.
Opté por el camino más seguro. Lentamente comencé a retroceder sin dejar de mirarlo, no me podía arriesgar, cualquier movimiento en falso podría desencadenar una agresión de su parte, la cual no quería recibir.

Cuando me encontraba a unos escasos tres metros de él, decidí dar la vuelta. En ese instante se sumergió entre los harapos y cartones para protegerse del frío. Sin embargo, podía ver el brillo de sus ojos en la oscuridad, fríos, intensos y fijos en mí.

Esta vez tenía que intentar algo distinto, una nueva estrategia para acercarme. Lo miré, algo invadió mi cuerpo, de alguna u otra forma pude comprender su dolor por un instante. Quede perplejo mientras se me ponía la piel de gallina. Un escalofrío recorría mi espalda mientras mi mochila se deslizaba de mis dedos. ¿Qué me pasa? No puedo dejar de mirarlo.

Un relámpago logró romper la hipnosis. Todo pareció desaparecer. Estaba claro, tenía que intentarlo una vez más. Compré en el kiosco un sándwich de jamón y queso, le pregunté al vendedor si tenía algo caliente. Esta vez con una leche bastaría.

Mi corazón latía cada vez más fuerte mientras me acercaba a ese conjunto de trapos y cartones. Tembloroso mi cuerpo se demoraba en reaccionar. Estoy llegando, lo miró fijamente, pero esta vez no estaba dispuesto a salir.

La noche se ponía cada vez más obscura, el frío penetraba en mis huesos y en la cara se me hacían heridas. Sin embargo no podía salir de ese lugar, tenebroso, escalofriante y con ese árbol que con la oscuridad de la noche parecía hacerse más grande.
Tendría que acercarme más, esta vez no había espacio para equivocaciones, cualquier error podría ser fatal.
¿Qué haría? No sabía si dejarle los alimentos fuera de lo que consideraba que era su casa, o esta vez ser más arriesgado y entregárselos personalmente mientras le doy una palabra de aliento.

Primer acercamiento

De a poco fui tratando de acercarme, mientras no recibía ninguna respuesta aparente la incertidumbre se iba apoderando de mi, pensando en que pasaría si fuera a reaccionar de forma violenta. Sentí como su respiración se hacía más agitada como advirtiéndome de las concecuencias de mis actos, me armé de valor y finalmente posé mi mano sobre su cabeza, todavía sintiendo el tenso ambiente entre él y yo, de pronto hizo un repentino movimiento y poco a poco los escalofríos subían por mi brazo esperando el ataque que se veía inminente, cerré los ojos y no había alcanzado a sacar la mano cuando se enterraban en ella agujas tan punzantes que parecía que fuera a desgarrarme la mano y sacármela a pedazos del resto de mi brazo, escuché la carne desgarrarse como si sus caninos dientes me hubieran destrozado los músculos y los huesos al haber invadido su territorio y la sangre no se demoró en salir dejándome con la sensación de que ya nada volvería a ser lo mismo, me partía la mano en 2 sin poder hacer nada, el dolor ahogaba mis fuerzas para gritar y sacaba de mis ojos una lágrima sin poder desatar el ardor que sentía por dentro como si me hubieran reventado la mano con un chuzo a toda velocidad. De pronto, el dolor cesó, la sangre dejó de fluir y las dientes de a poco fueron soltando lo que quedaba de mi mano que ni siquiera me atrevía a mirar. Con tan sólo abrir los ojos pensaba que me hubiera desmayado de la impresión, ya había perdido la sensibilidad de mi mano,recordé como alguna vez había alguien descrito lo que significaba cortarse los nervios que dan la sensibilidad a las extremidades. Cubrí mi mano sin siquiera mirarla, no sentía nada, no me atrevía a mirar y de a poco iba perdiendo mis sentidos, cada vez menos en la mano y cada vez me sentía más débil, por la cantidad de sangre perdida sentía que sin remedio me desmayaría ahí en medio de la calle en la oscuridad y el frío de la noche, sin tener a quién acudir y a merced de mi atacante; me dormía, poco a poco perdía la conciencia de pronto ví como se acercaba hacia mi quién me había dejado en este estado, me arrastraba hacia su guarida, trataba de resistirme pero no tenía las fuerzas para siquiera pararme, ya sin sensibilidad por completo en mi mano , entre la poca conciencia que me quedaba posé mis ojos sobre un trozo de fierro que había a pocos centímetros de mí, pensé en agarrarlo y golpear a mi atacante, pero no tenía idea si prevendría el ataque y sería peor para mi provocando su furia, o en realidad era la única alternativa para salvarme que me quedaba.

jueves, 8 de abril de 2010

El último compañero

Hace dias ya que estaba lloviendo, pero particularmente esa tarde parecía haber parado de llover como si fuera la calma previa a una enorme tormenta. El frío y los cortes de luz parecían darle un aspecto realmente tétrico a las calles de Santiago que parecían pantano entre la neblina, el frío y la penumbra constante. Era un Jueves, no recuerdo bien la fecha pero sé que era Jueves por que había vuelto de entrenar. Fue ahí cuando lo vi, tirado en el suelo entre arapos, negro como la misma noche y con una mirada que buscaba encontrar culpables en todas las caras que examinaba. Se movia lentamente sin producir mucho ruido tampoco, a decir verdad, probablemente haya sido el único que lo haya notado, o al menos el único que se detuvo a mirarlo con más detención. Buscaba restos de comida entre los arapos, moviendo las sábanas o incluso oliendo, mas no parecía encontrar nada en lo absoluto. Sin motivo alguno se paró y vi que tenía buen porte, incluso como para estar abandonado, aun cuando se le notaba que no estaba de lo mejor nutrido. Se tambaleó antes de poder parase completamente, vestigio evidente de que llevaba quizas, días sin comer. Me dió pena y le pregunté, aunque pareciera ridículo, cómo estaba. Por supuesto no hubo respuesta alguna, nisiquiera hubo una mirada o un gesto que diera idea de que me hubiera escuchado, recordé que tenía algo de comida en mi mochila, lentamente me agaché para abrir la mochila sin asustarlo, apenas me agaché sentí como sus ojos se clavaban en mí, pensé que podía reaccionar de forma violenta así que muy lentamente fui abriendo la mochila, después de todo quizas por cuantas penurias haya pasado antes de haberlo visto, su caracter podría no ser el más amigable y menos frente a extraños. Saqué el pan que me quedaba y ni bien se lo ofrecí se avalanzó dándome un pequeño susto, a quitarmelo de la mano. No había alcanzado a cerrar la mochila cuando ya se lo había terminado, bueno no era para menos, se notaba claramente que no había comido en días, nisiquiera se de donde sacó fuerzas para avalanzarse encima, si antes le había costado levantarse siquiera. Entró a lo que él consideraba su casa, ese montón de arapos y cartones que le servían de techo y abrigo, sin embargo, no dejaba de mirarme de reojo. Pensé en acercarme a tratar de hablarle para tener una mejor reacción de su parte, pero sus ojos no comunicaban absolutamente nada, no sabía si iba a reaccionar para bien o para mal por lo que no me atreví a intentarlo, quizás con más comida entendería que no quiero hacerle daño, sino por el contrario ser su amigo. Me fui caminando al kiosco más cercano y compré lo más contundente que encontré, esta vez pensé en entregarselo yo, sin que el tuviera que arrancarmelo de las manos. Ni bien llegué sentí como me miraba, al menos esta vez en sus ojos podía ver algo de expresión aunque no podía decir si era para bien o para mal. Me acerqué un poco más y le mostré lo que había comprado, y de a poco lo fui dejando en el suelo cerca de donde él estaba, y de a poco me alejé, haciendo lo que a mi juicio significaba que le estaba regalando el snack, en forma de ofrenda. Esperó a que me hubiera parado y retirado un par de metros para buscar lo que le había dejado, esta vez lo comió más pausado, quizas disfrutando el sabor de algo que no probaba hace mucho. Me agaché para quedar a su altura y traté de conversarle mientras comía, pero no tuve mucha respuesta. De a poco me fui acercando, perdiendo un poco la incertidumbre de su reacción, mas no perdiendo el respeto hacia él. En ese minuto pensé que tenía 2 opciones, me acercaba a él mientras comía para tener una buena reacción, o acaso tenía que ir a buscar algo más antes de intentar adentrarme en su territorio.